Este fin de semana hemos hecho la primera escapada sin niños desde que somos padres. La excusa fue un viaje de negocios de Mr. Sapo que se convirtió en un fin de semana largo de escapada internacional. Mis padres se ofrecieron muy amablemente a quedarse con Renacuajo y Ranita en nuestra casa, para que fuera más fácil para nosotros, aunque a ellos les tocara desplazarse. Así que de viernes a lunes, hemos hecho girar las manecillas del reloj y programado la máquina del tiempo para volver a hace unos 4-5 años, a cuando éramos Willy Fogg y Romy, viajeros por pasión y elección sin más responsabilidades ni cargas familiares.
La ida fue agridulce. Teníamos muchas ganas de hacer este viaje, pero por otro lado, un nudo en el estómago nos empezaba a ahogar, ¿teníamos de verdad necesidad de hacerlo? ¿Y si nos pasaba algo, a los dos juntos, y nuestros niños se quedaban sin padre ni madre? ¿Y si era demasiado para los abuelos? En el último momento, casi me planteé no ir, pero ya estaba todo pagado y reservado y tenía que vencer mis miedos. Además, como pareja, nos hacía mucha falta. Ya son más de 4 años desde que dejamos de ser 2 (desde el embarazo de Renacuajo) y poco a poco, vas poniendo tu relación de pareja detrás de otras cosas más importantes, hasta que está tan escondida, tan oculta, tan cargada de responsabilidades que casi ni existe. Y me da miedo tener un accidente, correr riesgos, abusar de los abuelos, pero también me da miedo divorciarme, así que teníamos que hacerlo.
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Paseos otoñales |
El viernes y sábado fueron geniales, conseguimos desconectar y reconectar, optamos por todos los planes que son más difíciles con niños (visitas guiadas a monumentos, museos, visitas con audioguía, teatros...). Y he de reconocer que fue un lujazo. Sin horarios de comidas adaptados a nadie más que nuestras propias necesidades, sin límites de horas ni distancias, recordando que había momentos en nuestras vidas en los que nosotros mismos éramos lo único que importaba. Disfrutamos enormemente, el tiempo acompañó durante casi todo el tiempo y los niños y los abuelos parecían estar disfrutando tanto o más que nosotros...hasta que llegó el whatsapp amenazador: "Sí, están bien, pero Renacuajo tiene muchos mocos y tos"....Catástrofe. Ya sabemos qué significa eso en Renacuajo. Tenía todas las papeletas para caer en bronquitis otra vez. El viernes cuando nos fuimos no tenía ni un moco y el domingo, bronquitis gorda otra vez.
Así que pasamos todo el domingo pegados al móvil, tratando de darles indicaciones a los abuelos sobre cómo actuar, qué medicinas ir dándole, qué dosis, averiguando por teléfono si iba respondiendo o no a qué cosas, haciendo videoconferencias para intentar averiguar exactamente cómo actuar, sobre todo, con el fin último de evitar ir a Urgencias. Mis padres son de los matrimonios estándar de hace una generación en la que los hombres ponen buena voluntad con los hijos o nietos pero poco más, así que todas las opciones me parecían malas en caso de ingreso en el hospital, porque claro, ya no tenemos solo a Renacuajo, la pobre de Ranita aún necesita mucha atención. Y sufría por ellos, porque sabía lo que asusta ver a un niño asfixiarse, darle la medicación cada vez más frecuentemente y ver que no funciona. Pero funcionó. Con nuestras indicaciones a distancia, Renacuajo fue reponiéndose poco a poco. La saturación de oxígeno pasó de alarmante a aceptablemente baja. Si hubiéramos estado en casa, habríamos ido sin duda al hospital, por lo que me iban contando, no fue leve, pero me alegro mucho de habérselo evitado a ellos.
Cuando volvimos el lunes, Renacuajo estaba ya mucho mejor, y nos recibió cariñosísimo! Los abuelos campeones actuaron estupendamente y aguantaron el chaparrón con la mayor de sus sonrisas. Qué suerte tenemos de tenerlos! Eso sí, fue llegar nosotros y pusieron pies en polvorosa para volverse a su casa, agotados física y emocionalmente, pero creo que también muy orgullosos y satisfechos de habernos hecho este gran favor.
Así que resumiendo, como experiencia ha sido fabulosa. Creo que ha sido una inyección de energía, de romanticismo y también de realidad. Tenemos hijos porque nos da la gana, los queremos más que a nuestra vida y nos encanta ser padres, así que creo que queda muuuucho tiempo antes de que repitamos escapada sin niños. Primero, porque nos hemos dado cuenta de que nos encantaba nuestra vida anterior, pero que no la cambiamos por la actual, y segundo, porque dudo que los abuelos se vuelvan a ofrecer pronto!!!
Y vosotros, ¿os habéis ido de escapada sin niños? ¿Consideráis importante tener tiempo a solas con vuestras parejas? ¿Tenéis ayuda y apoyo familiar para dejar a los niños?